Educación Historia

PARTE 4: “SINE QUA NON, LA CONQUISTA”

Tanto la llegada de capitales extranjeros como el arribo de inmigrantes agricultores a la región chaqueña, hubiesen sido imposible sin la intervención armada del Ejército Nacional y la conquista del territorio (1870-1900), que hasta ese momento estaba bajo el dominio de los pueblos originarios.

Recordemos sucintamente que el Chaco Austral (un territorio interprovincial más grande que el Chaco actual) fue una de las últimas regiones del país en ser incorporada al dominio efectivo del Estado Argentino. Sus densos montes y la presencia de pueblos nativos resistentes frente al blanco invasor, dificultaron la expansión colonial desde la época hispánica. El enclave español más importante en Chaco fue el asentamiento jesuita Nuestra Señora de la Concepción (cerca de la actual Tres Isletas), fundado en 1585, pero destruido ya en 1632. Hasta el siglo XIX prácticamente no hubo presencia europea en la zona; y si la hubo, fue sólo en sus márgenes.

Asimismo, tras la independencia nacional, las élites porteñas (centradas en un modelo económico agro exportador con base en la Pampa Húmeda) no tenían interés concreto en la región. Es más, manifestaban un abierto desprecio tanto por el monte como por el “indio”. Ante sus ojos, el monte y el indio era lo salvaje; mientras que la agricultura y el hombre europeo eran lo civilizado.

No es raro entonces que la decisión estatal de ocupar y controlar militarmente la región chaqueña haya surgido por una necesidad geopolítica (con el objetivo de controlar las “fronteras del norte” después de la guerra de la triple alianza contra el Paraguay), y no por un genuino interés de incorporar la región al sistema económico, político y cultural del país.

“Es importante recordar el hecho de que el poder oficial de la época denominara a la región como “el desierto del norte”. La intención era proyectar la falsa idea de un territorio despoblado. Y menguar así la culpa histórica por el trato a que fueron sometidos los pueblos nativos por parte de un Estado arrogante, guiado por premisas racistas.”

En 1870 comienza oficialmente la etapa de la conquista del territorio, llamada eufemísticamente “de pacificación”, en la que el enemigo principal fue el “indio”.

A diferencia de las campañas de conquista sobre la Patagonia, donde se buscaba exterminar a los nativos, aquí en el norte, no menos racistamente, se buscó en cambio someter y controlar a las poblaciones originarias, para usarlas posteriormente como mano de obra barata(1) (Atención: cosecheros indígenas y el trabajo golondrina durante casi todo el siglo XX).

Asimismo, es importante recordar el hecho de que el poder oficial de la época denominara a la región como “el desierto del norte”. La intención era proyectar la falsa idea de un territorio despoblado. Y menguar así la culpa histórica por el trato a que fueron sometidos los pueblos nativos por parte de un Estado arrogante, guiado por premisas racistas.

Desde nuestro punto de vista, la historia de los pueblos de nuestra región, incluso en una versión resumida como esta, estaría peligrosamente incompleta si no reconoce el paso previo y tristísimo de la guerra del Estado contra los pueblos originarios, como condición sine qua non para el posterior surgimiento y desarrollo de los centros urbanos del Chaco.


(1) Marcela Brac, pag 13. http://repositorio.filo.uba.ar/bitstream/handle/filodigital/1017/uba_ffyl_t_2006_831058.pdf?sequence=1&isAllowed=y

 

Por: Héctor Schoppler / Foto: Archivo General de la Nación


 

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