Entrevista Moda

EZEQUIEL GOMEZ: “EMPECÉ A DUDAR DE SI NO HABÍA REENCARNADO EN UN CUERPO EQUIVOCADO”

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El primero en hablar de androginia fue el célebre filósofo Platón en su obra El banquete a través del discurso de Aristófanes, donde hace mención de un ser especial que reúne en su cuerpo rasgos del sexo femenino y masculino. Afirma que, en la antigüedad, la humanidad se dividía en tres géneros, el masculino, el femenino, y el andrógino (del griego Andros-Hombre y Gino-Mujer).
El mito cuenta que los seres humanos pertenecientes a este género tenían formas redondeadas: la espalda y los costados colocados en círculo. Contaban con cuatro brazos, cuatro piernas, dos rostros y una sola cabeza. Tales cuerpos resultaban muy vigorosos y concibieron la idea de combatir a los dioses. Zeus, entonces, planeó un medio para debilitar a los seres humanos: dividirlos en dos. Desde entonces los humanos tuvieron que caminar solo con dos piernas.
Hecha esta división, cada mitad hace esfuerzos para encontrar a su otra mitad. Cada uno de nosotros, diría Platón, “no es más que una mitad de ser humano que ha sido separada de su todo, como se divide una hoja en dos.”
En la India, el andrógino estaba representado por Shivá y su consorte Párvati, fundidos en un solo ser. En el mito judío del Talmud, del Midrash y el Zohar Jadash, se dice que el primer ser humano fue hermafrodita
Adán era varón y mujer a la vez: Dios tomó uno de sus lados para crear el amor, hendió verticalmente al ser bisexuado haciendo de uno un varón y del otro una mujer.
En nuestra ciudad, la androginia tiene su cara representantiva a través de la personalidad de Ezequiel Gomez, un joven que revela de manera resuelta la belleza de un espíritu libre.

Si bien hoy en día la androginia es considerada como una tendencia de vanguardia posmoderna, hay cuestiones biológicas, psicológicas y de contexto que favorecen a desarrollar este estilo de vida. ¿Cómo es vivir en carne propia esta postura ante el mundo? ¿Cuáles son tus primeros recuerdos descubriendo esta dualidad entre lo femenino y masculino?

Ezequiel: En un principio, debo admitir, fue muy difícil. Ya desde pequeño sentí una gran afinidad por lo femenino, me gustaba juntarme con nenas, me sentía seguro allí, me sentía parte de ellas. Con el pasar de los años, fui entendiendo y aceptando que me atraían los chicos y que en el género femenino siempre vi y deposité todo lo bello, delicado y hermoso. Eso me generaba una profunda admiración, cuestiones que me llevaron a identificarme cada vez más con estos seres tan especiales para mí: las mujeres. Uno de los recuerdos que me viene a la memoria son las tardes de juego en casa de mi prima, nos las pasábamos horas jugando con muñecas, otras veces nos calzábamos tacones e imitábamos a las señoras de la alta sociedad (risas). Esto es apenas parte del proceso que transité para convertirme en lo que soy hoy.
Cuando tenía 14 años, se iba despertando cada vez más mi lado femenino, lo podía notar de manera clara en mi voz, en la forma en que me sentaba, al caminar, incluso en la manera en que elegía vestirme. Muchas veces pensé: ¿Será que estoy atrapado en el cuerpo equivocado? Porque realmente me sentía una mujer. Había leído sobre la reencarnación y empecé a dudar de si no había reencarnado en esta vida con un cuerpo masculino, es decir, en el cuerpo equivocado.

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¿Cuáles fueron los obstáculos que debiste superar para poder afirmar tu personalidad y poder expresarte sin miedos?

Ezequiel: Bueno, el primer obstáculo que se me presentó fue justamente el de poder decir la verdad acerca de lo que sentía y sobre quién era. Recuerdo como si fuera ayer, el día en que me hice de la suficiente valentía para hablar con mi mamá. Había llegado el momento, no soportaba un minuto más vivir esa sensación de aprisionamiento interno, necesitaba sacar a la luz mi ser, es decir, mi verdadero ser. Cuando tomé la decisión de decirle a mi madre que yo era “diferente” porque no me gustaban las chicas, sino que me veía atraído por el sexo masculino, la respuesta que ella me dio en ese momento definitivo de apertura y confesión fue en principio un gran silencio, luego rompió en lágrimas y tuve que hacerme de fuerzas para no quebrarme a la mitad.
Mi mamá es una persona de mucha fe y yo también admito que creo en Dios, lo amo con todo mi ser. Sin embargo, cuando mi mamá pudo pronunciar palabra, lo que me dijo fue: “Vos estás enfermo, hijito. Dios te va a curar”. Ese fue un tremendo obstáculo, al cual pude superar respondiendo de inmediato: “Mamá, esta es mi vida, solo quiero ser yo mismo, vivir mi propia vida. Vos elegiste tu forma de vivir, ahora es tiempo de que yo pueda tomar mis propias decisiones, vas a ver que Dios me va acompañar”.
A partir de ese momento, comencé a pensar en mí, dejando de lado las críticas, las burlas e incluso los insultos de algunas personas ignorantes de mi ciudad natal, Villa Ángela.

“Muchas veces pensé: ¿Será que estoy atrapado en el cuerpo equivocado? Porque realmente me sentía una mujer. Había leído sobre la reencarnación y empecé a dudar de si no había reencarnado en esta vida con un cuerpo masculino, es decir, en el cuerpo equivocado.”

Hay quienes afirman que esta tendencia de moda comunica un estado de confusión por parte de quien la practique, algo así como cierta incapacidad de definición por uno u otro género. ¿Cuál es el mensaje que se quiere transmitir como fenómeno social desde tu experiencia como sujeto andrógino?

E: Desde mi experiencia personal puedo decir, como relaté anteriormente, que desde chico tuve la valentía para hablar desde la diferencia con total sinceridad y respeto.
El mensaje, para mí, sería: aceptemos a las personas en sus diversas formas de existencia, en su pluralidad. No somos quiénes para criticar ni mucho menos humillar al otro. Seamos libres de ser quiénes en verdad somos, sin miedos, sin tapujos.

“Hoy puedo decir, porque así lo siento, que soy libre de ser el que quiero ser. Lo cual coincide de manera coherente con la construcción de mi personalidad, con mi forma de actuar, de generar vínculos y relacionarme con los otros.”

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¿Qué pensas que nos viene a proponer la revolución de la androginia como tendencia?

E: Pienso que esta tendencia puede ser un instrumento para poner en práctica la libertad de expresión. Hoy por hoy puedo decir, porque así lo siento, de que soy libre de ser el que quiero ser. Lo cual coincide de manera coherente con la construcción de mi personalidad, con mi forma de actuar, de generar vínculos y relacionarme con los otros. Creo además que es una oportunidad para visualizar en el camino a todas aquellas personas que han sufrido igual o más que yo y darnos fuerzas para representar y defender la divergencia en la orientación sexual. Por otro lado, entiendo que esta tendencia es una invitación a la sociedad de imitar y aprender sobre el género femenino, es una forma de fomentar el respeto y la admiración por las mujeres. Yo he dedicado tiempo en aprender de ellas, de sus luchas, su fortaleza e inteligencia.

¿Qué consejo podes dar a nuestros lectores para que puedan encontrarse con su verdadero yo y expresarse en libertad?

E: A todos los jóvenes y también a los adultos que aún se encuentran oprimidos y prisioneros de los prejuicios ajenos les digo, con toda humildad, que dejen de buscar la aceptación en los demás y vivan su propia vida, que ejerzan su libertad de expresión, le guste a quien le guste. La familia sabrá aceptar, aunque al principio tal vez cueste, es un riesgo que vale la pena correr: el de poder decir la verdad para poder convertirnos en lo que realmente somos. Soy gay y estoy orgulloso de serlo, a la gente que me critica le entrego mi agradecimiento, porque con cada una de sus críticas me fortalezco y me vuelvo cada vez más firme y seguro de mi mismo, de lo que quiero. A todo aquel que necesite hablar, que quiera ser escuchado o recibir algún consejo, los aliento a que se comuniquen conmigo, no dejen de buscar la salida. Basta de suicidios de jóvenes a causa de la violencia que sufren en la calle. Basta de discriminación por ser diferentes, por falta de aceptación y tolerancia al otro. Somos seres humanos con los mismos derechos que todos.

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