Arte visual Entrevista

MARQUITOS CORVALÁN: “ME DEJO INFLUENCIAR POR EL HOMBRE CHAQUEÑO, POR LA FUERZA QUE POSEE COMO INDIVIDUO”

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Siglos atrás, la historia nos cuenta de que el arte estaba vinculado a los sectores más pudientes, a las elites y a la realeza, sin embargo, con el paso del tiempo, la sociedad fue superando esas limitaciones democratizando cada vez más el acceso al arte. Con la llegada de los museos, grandes obras que conforman el patrimonio cultural de la historia se exponen a un público sin límite alguno. Aunque aún falte mucho camino por recorrer en este sentido, quisimos conversar con un artista de calibre urbano, que esté en esta búsqueda de compartir arte con todos. Porque consideramos que el arte en la calle merece el mismo respeto que el arte de los salones, en esta ocasión, entrevistamos al artista plástico: Marquitos Corvalán (Resistencia) quien nos pone al tanto de su experiencia por el arte urbano y el muralismo, revolucionarios medios de expresión que invaden las calles de la Provincia de Chaco.

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A modo de anécdota, contános ¿con qué recuerdos se vincula tu inicio en el mundo del arte?

Marquitos: La verdad es que comencé desde muy chico, mis primeros recuerdos son con cuatro o cinco años, por entonces, ya me llamaba mucho la atención. Después, durante la escuela primaria y secundaria siempre tuve ese afán de querer mejorar mi técnica en dibujo, aunque no sabía nada de lo que significaba ser artista, tampoco entendía bien qué era el arte, sin embargo, tenía como meta la de ser el mejor dibujante, entonces, siguiendo ese propósito, me la pasaba dibujando. Ese fue uno de los principales motivos por los que discutía con las maestras, que insistían en decirme que no se puede hacer dos cosas al mismo tiempo, lo cual llevó a que desarrolle una estrategia para que me permitan dibujar en clase: prestaba muchísima atención a todo lo que decía la maestra para que si me preguntase de qué estaban hablando yo pudiera responderle lo que estaban haciendo, pero resultó que cuando cayeron en la cuenta de que estaba atendiendo a la clase, igual me retaban diciendo que no podía ser yo distinto a todos. Así pasé mi infancia, durante la adolescencia sucedió que mis padres veían mi inclinación hacia el dibujo, pero lo consideraban como un hobby. Afortunadamente, hoy en día, pareciera que tiene muchísima más aceptación ser artista que durante ese tiempo en el que yo surgía. Así fue que en un comienzo se me dio por intervenir iglesias con las torturas de la inquisición, creo que fue una pulsión muy fuerte que me surgió después de haber ido a un colegio católico donde nunca me enseñaron lo que se vivió con la inquisición. Después de que vi la película “Los fantasmas de Goya” y comprendí todo el daño que hicieron con el poder eclesiástico me sentí en la obligación de mostrarle a la gente, muchos de los cuales tampoco sabían, algunas de las cosas terribles que se hicieron en el nombre de la iglesia. Así empecé, en lucha contra los poderes hegemónicos, principalmente, el religioso. Recuerdo el impacto que causó en la gente cuando teñí el agua de la fuente del Poder Judicial, lo hice con doce anilinas rojas para que pareciera sangre, como así también, intervine en muchas partes de la ciudad con langostas haciendo referencia a las plagas que se manifiestan en la Biblia.

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¿Y cómo fue que para que de un momento a otro comiences a manifestar tu personalidad creativa y te encuentres pintando murales y cuadros?

M: Empecé a conocer verdaderamente el arte cuando ingresé a la Facultad de Diseño, al mismo tiempo, fue que se me dio por empezar a pintar en la calle, en verdad, está relacionado con algo previo y mucho más profundo, algo así como “una historia loca” que me llevó a ser virgen hasta los 21 años. Paso a contarles, yo estaba con una chica en ese entonces, con la que hacíamos todo, absolutamente todo, menos “eso”, quiero decir que no podíamos concretar por culpa de un problema nervioso que padecía entonces y que por suerte logré controlar. Bueno, fue así, que, estando enamorado de esta señorita, con la que me llevaba muy bien pero que por las razones anteriormente mencionadas yo no podía satisfacerla completamente, un día me puse a pensar en qué era lo mejor que yo podía darle a esa persona para poder demostrarle de que la amaba y se me ocurrió pintarle un cuadro. Aunque no sabía bien, cómo plasmar mi idea, me puse a hacerlo como yo me imaginaba, la cuestión es que ella me dejó antes de que yo termine la obra (risas), pero sirvió como puntapié inicial para que yo pueda comprender que pintar era la actividad que mejor me hacía sentir. Fue una mujer mi primera inspiración y lo es siempre.

“Me ha tocado elegir locaciones en las que tuve que machetear por días para limpiar y que sea visible para trabajar. Entonces, si se quiere, eso es un componente que yo tengo como artista chaqueño, que no es solo el que va y pinta, sino el que limpia y machetea bajo semejante sol para plantar allí un poco de su arte.”

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¿A quiénes tomas como tus referentes o influencias más fuertes?

M: Uno de los artistas que más admiro es Bansky que con una imagen simple y contundente, logra cambiar completamente el panorama, utilizando cosas que ya forman parte de la calle, una cualidad que, a partir de él, creo, se vincula al quehacer de un artista urbano. Por otro lado, Dalí y el surrealismo, son una influencia más que notoria, no solo en mi obra sino también en el estilo surrealista que persigo, ¿quién más hubiera pensado un pelado con trenzas? (risas). También me dejo influenciar por el “hombre chaqueño”, por la fuerza que posee como individuo y que significa mucho a la hora de instalarse ante el mundo como artista, en el sentido de que, por ejemplo, me ha tocado elegir locaciones en las que tuve que machetear por días para limpiar y que sea visible para trabajar. Entonces, si se quiere, eso es un componente que yo tengo como artista chaqueño, que no es solo el que va y pinta, sino el que limpia y machetea bajo semejante sol para plantar allí un poco de su arte. Y lo relaciono con una fuerza particular que es la que nos caracteriza como emblema: la resistencia. También por eso no soy de solicitar permisos para intervenir, porque esta es mi ciudad, aunque las calles tengan nombres ajenos, yo me impongo desde los suburbios con un mural, me paguen o no y, por esa misma identificación, fue que pinté la entrada al barrio Toba. De chico era aficionado a coleccionar esas enciclopedias que venían con los diarios, aunque no las leía mucho, grababa las imágenes en mi mente de las tribus, sus artesanías y demás historias que me sirven como punto de partida para imaginar cosas en todos lados.

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“La vida de un artista tiene como razón de su existencia conmover, en el sentido de despertar cosas en la mirada del otro, de hacerles sentir algo, buscar cuestionar el orden establecido, porque ese es el rol social del arte, o al menos así lo veo yo.”

Hubo un tiempo en que fuiste tildado de egocéntrico socialmente, luego de haber pintado tu propio rostro en algunas partes de Resistencia. ¿Cómo se te ocurrió o mejor dicho por qué esta idea de querer dejar pintada tu cara en las calles de la ciudad de las esculturas?

M: La gente critica porque me ven andar por las calles, es decir, soy un ciudadano más, les quedo al toque… pienso que el egocentrismo que ven en mí es el mismo que hay en ellos. Por otro lado, si nos ponemos a pensar, a lo largo de la historia del arte todos los pintores hicieron su autorretrato. Porque pintar es una manera de ver las cosas del mundo, ahora, cuando pintas tu propia cara es una manera de enfrentarte con vos mismo y ver de qué forma te representas. Considero que, si bien la gran mayoría de la gente vive su vida para adentro, quiero decir, para sí mismas, en ello radica la principal diferencia con la vida de un artista que tiene como razón de su existencia conmover, en el sentido de despertar cosas en la mirada del otro, de hacerles sentir algo, buscar cuestionar el orden establecido, porque ese es el rol social del arte, o al menos así lo veo yo. Tiempo atrás, tuve amigas que se enojaban conmigo porque no quería salir, es que no tenía suficiente plata, y lo poco o mucho que cayera de dinero en mis manos lo invertía para pintar en la calle. Fueron años de laburar gratis en Resistencia, por supuesto, lo disfruté muchísimo, porque siempre fue con una pura convicción de que tenía que otorgarle todo el poder que sea necesario al arte, que es lo que a mi me hace sentir mejor.

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“Si tengo que definir un estilo sería el de ser libre, donde yo pueda hacer lo que yo quiera… al que le gusta bien, y al que no, también. Algo, igual le va a cambiar en la cabeza cruzarse con ese muro.”

Sos uno de los artistas con más murales en las calles de la ciudad de Resistencia. ¿Cuál es tu estilo? ¿tenés un concepto particular que atraviesa tu trabajo o es algo que va cambiando?

M: Ahora estoy trabajando para privados también, como ser bares y espacios comerciales, no solo en la calle. En relación a mi estilo, es algo que va mutando, como yo y mi cuerpo. Hago retratos, en la mayoría de las veces, utilizo el realismo e hiperrealismo. Me gusta mucho la fauna y la naturaleza como inspiración. Además, comencé a tener un buen dominio de la pintura en aerosol, pero también trabajo con acrílicos y pinceles. Soy versátil en las técnicas, así, voy llegando a resultados diferentes, pero siempre en la búsqueda de que la imagen se vea real. Cuando pinto por mi cuenta el concepto es no esperar nada a cambio, porque no es lo mismo pintar para exponer en una galería que el trabajo que se hace a la intemperie y que en una de esas, se te cruza un carro desde donde te gritan: ¡mirá qué buena está esa ballena! Y capaz que era un delfín, pero no importa, algo cambió para el otro y en ese instante es cuando todo tiene sentido. Realmente, no fue algo que yo busqué, sino más bien, lo siento como un acto revolucionario al que algunos llaman la democratización del arte, donde el artista facilita este tipo de manifestaciones para un público abierto, o mejor dicho, para todos. Así que, pensándolo bien, si tengo que definir un estilo sería el de ser libre, donde yo pueda hacer lo que yo quiera… al que le gusta bien, y al que no, también. Algo, igual le va a cambiar en la cabeza cruzarse con ese muro.

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Hoy por hoy, sos un personaje reconocido en la ciudad de Resistencia no solo por tus murales sino que también por ocupar a tu propio cuerpo como soporte para la intervención artística. Hablános de ese proceso en el que estás transitando.

M: Fueron varios los factores que venía trabajando personalmente hace un buen tiempo que, tal vez, recién ahora, siendo más reconocido en el círculo de esas elites de artistas, muchos me siguen haciendo la pregunta de ¿y vos? ¿de dónde saliste? (risas) les genera intriga saber quién soy, porque no vengo de una familia reconocida en el ámbito cultural. Volviendo a la pregunta, desde chico busque tener un estilo raro y, con el tiempo, todo se fue conjugando para llegar a esto. Además, mi laburo está muy relacionado con lo físico, cuando pinto con aerosoles, sin ir más lejos, necesitas manejar movimientos rápidos y saber cómo deslizarte para conseguir el efecto, más cuando te toca trabajar sobre superficies inclinadas, o curvas. Lo bueno es que los últimos ocho tatuajes que me hice ya no los tuve que pagar con dinero, sino que entramos en canjes por cuadros o cuestiones similares en arte.

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En este proceso de construcción de tu personalidad como artista, ¿cuáles fueron los obstáculos que tuviste que superar y cómo fue que resolviste la situación para poder avanzar al siguiente casillero?

M: Una de las actitudes que me pareció sumamente necesaria en este trayecto recorrido como artista, es la de ser lo más humilde posible. Por otro lado, tuve que hacer ciertos sacrificios como, por ejemplo, dejar de buscar un alquiler para vivir solo, es decir, no me importó tener que vivir con mis viejos o andar todo el tiempo en bici para no gastar en nafta para la moto, todo para poder manifestar mi arte. Era un anti materialista antes de llegar al arte, nunca me interesó tener un LCD ni artefactos, ahora, si algo les sucede a mis cuadros admito que sí me duele y, aún hoy eso me genera molestia. Me pasó banda de veces que pintaba un mural en tal parte y para el otro día ya no estaba porque lo tapaba la Muni y creo que eso, de alguna manera, me fue enseñando a no sufrir ese apego por las obras.

¿Cuánto hay de ocio y cuánto de disciplina en la vida de alguien que vive para hacer arte?

M: Hay una frase que la escuché mucho de mis viejos cuando discutíamos que decía “yo no quiero que mi hijo sea un artista y un vago”, como si fueran dos cosas que iban de la mano. En casa, mi papá es profesor de filosofía y la filosofía solo es posible en el ocio, lo mismo considero que sucede con el arte, el que va a pintar tiene que estar en un estado sutil, de contemplación para lograr captar la singularidad de las cosas. Entonces, un día, hablando con mi viejo le pregunté lo siguiente: ¿vos sos filósofo o profesor de filosofía? Y como respuesta murmuró algo sin sentido y antes de irse me sonrió como quien comprendió la real diferencia. Lo mismo pasa conmigo, yo soy artista, pero no soy Profesor en Bellas Artes, porque para eso no necesito un título, razón por la cual sufrí fuertes críticas de parte de mis viejos, a lo que yo siempre respondía ¿para qué un título? Título necesitan aquellos que no saben, entonces buscan graduarse de algo para poder vivir, pero YO SOY… mi título es mi acta de nacimiento. Hoy me doy cuenta de que tenerlos en mi contra me jugó a favor, aunque parezca contradictorio, fue lo que me hizo a mi estar en una lucha continua e ir desarrollando mi personalidad que se forjó en oposición a un poder patriarcal súper fuerte que siempre buscaba oprimirme. En síntesis, creo que tiene que haber ocio, tiene que haber disciplina, decisión y lucha.

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Para finalizar, compartí con nuestros lectores alguna verdad que hayas descubierto en este camino para poder vivir de lo que se ama.

M: En lo personal, yo siempre creo que todo pasa por la constancia, no parar de hacer aquello que hace que te sientas vivo, si te hace sentir mejor aunque no te dé aún rédito económico, ¡no pares! Yo también pasé por miles de empleos para poder vivir, fui kioskero, repositor para poder juntar la guita y hacer lo que más amaba. Valentía y no renunciar nunca. Una cosa más que me parece importante, es la de buscar grupos donde puedan hacer arte, porque te da otra motivación, además de intercambiar info e ideas. Por lo pronto, les sugiero un texto para quienes son pintores, es un libro de Salvador Dalí que se llama “50 secretos mágicos para pintar”.


Por:
Carla Fabiana López / Fotos: Cesar Quiroga y cortesía de Marcos Corvalán

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