Entrevista Literatura

La escritura como parte del ser con GREGORIA LEIVA

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Una mujer de letras y de cadencia, una poeta indómita que siendo tan solo una niña sintió el llamado de la poesía ardiendo en su alma y así, canalizó su vida a través de los versos. De una riqueza lingüística ambiciosa están provistos sus textos, en donde nos pasea por paisajes y emociones que describe con total armonía melódica. La fantasía y lo cotidiano conviven en el hilván de sus palabras y en sus libros que, como hijos, han sido paridos en la ciudad de Villa Ángela. Revista Fabularia tiene el honor de presentar a Gregoria Leiva, una escritora coterránea, que marca un antes y un después, definitivamente, con su estilo y con su técnica. 

¿Cuándo comenzaste a escribir?

Gregoria: Se hace difícil ir en retrospectiva, cuando una ha producido prácticamente desde que tengo memoria. Cursando el nivel secundario, recuerdo, fue que armé por primera vez la estructura de mi primer libro, porque, ingenua, pensaba que sería fácil publicarlo. De hecho, hay algunos textos sobrevivientes que están incluidos  en mi libro “Destino de Campanas” y que son de esa época. Así fue, que anduvo dando vueltas ese que fue mi primer ejemplar, escrito en una máquina prestada, un formato armado que supe regalar a alguien cuando comencé la facultad. Después, tuve hijos y me puse a trabajar, no obstante, siempre seguí escribiendo. También tuve mis momentos en que decidí quemar muchas cosas porque me di cuenta de que no podía permitirme morir y que eso quedara en manos de cualquiera.

¿Cómo fue el proceso para concretar la publicación de tus textos?

G: Siempre pensé que cuando terminara de criar a mis chicos me dedicaría enteramente a la escritura. Para el año dos mil nueve, cuando mis hijos comenzaban a independizarse, dije ahora es la mía,  junté unos pesos y publiqué Destino de campanas, mi primer libro, basado en una antología que había seleccionado con textos de cuando era una jovencita hasta esos días, con los que conformé una totalidad de cincuenta poemas que yo misma me ocupé de acercar a la editorial donde los publiqué.
Ese mismo año, lo presenté en la feria del libro que se realizó en la ciudad de Resistencia y también aquí en Villa Ángela. Por lo que tengo entendido, es el texto que más circulación tuvo de todos los que he escrito.
El siguiente libro, “Paladar de la victoria“, salió en el dos mil diez pero con otra editorial, en el cual considere mantener ciertos núcleos temáticos para que no sea tan caótico. Este ejemplar fue mucho más elaborado, para el que se presentó la necesidad de dividirlo en dos partes, donde se asoman situaciones sociales, por el contrario, en el primero la temática está más vinculada con una subjetividad privada. Sin embargo, en este texto se presentan imágenes que atañen al individuo, en el ser social y sus injusticias, habla del lugar que habita el sujeto en ese esquema, es decir, de lo que conoce, de la historia de su propia familia, porque finalmente, la propia historia de la familia -más aún en regiones como estas, que dan a la orilla del tercer mundo- de alguna manera está representando la historia de pueblos completos, de continentes enteros, en una época determinada. Por eso hay historias divagas como la de mis abuelos, por ejemplo, pero no como cuento sino como núcleo temático para hablar acerca de esa visión del mundo donde hay unos pocos que tienen el poder y, después, estamos nosotros los que aguantamos…
El tercer libro es un poco más amplio, más universal, por eso se llama “Humanitas”, pese a que también toca temas como “la historia de un viejo”, donde se ven reflejadas ciertas cuestiones que uno supone en relación a toda la humanidad.

“Me acuerdo que una vez me llegó un rumor de que una amiga había dicho de mí: “me revienta porque Gregoria se hace la escritora”. Hoy le respondería: “yo no me hago, yo soy, yo he nacido así”.”

¿Con qué anécdota relacionas tus inicios en la literatura?

G: ¿Cómo empezó todo? bueno, en verdad no sé si tengo un registro preciso, si sé cuándo escribí algo de lo cual era consciente de que era una poesía, porque siempre leí mucho… Yo era muy chica, tenía unos nueve años (aún no iba a cuarto grado porque fue en época de vacaciones), se la mostré a mis padres y se hizo famosa en la familia, porque era una costumbre de la época y así, los padres mostraban a los tíos y los tíos a otras personas.
Me acuerdo que una vez me llegó un rumor de que una amiga había dicho de mí: “me revienta porque Gregoria se hace la escritora”. Hoy le respondería: “yo no me hago, yo soy, yo he nacido así”.

¿Cuáles son las condiciones que propician a que te sientes a escribir?

G: Personalmente, me pasa que cuando tengo algo que decir se me viene como agua de manantial. Entonces, si estoy en bici canto y que el mundo se vaya a la mierda. Hay gente que dice que se sienta a escribir, sí. De allí lo del síntoma ante la página en blanco y no sé qué más. Bueno, yo no tengo ese problema. Hago lo que tengo ganas. Nunca me obligué a escribir ni generé situaciones para hacerlo. Yo no me suicido, escribo libros.

¿Pensás que la escritura puede ser una herramienta para canalizar emociones?

G: Bueno, se habla mucho de la sanación o liberación a través de la escritura, pero yo no hago autoayuda, yo no escribo para mí ni para otro, ni tengo interés en que mis textos ayuden a alguien, ni siquiera me tocó tener conciencia de lo que significa ser escritora, porque siempre lo viví como algo que naturalmente formaba parte de lo que yo era.

¿Consideras que tu paso por la academia colaboró en algo en tu oficio de escritora, tal vez, a niveles de herramientas discursivas?

G: La universidad fue linda, en el sentido de que de otro modo no hubiera accedido a ciertas lecturas, por el hecho del lugar de dónde yo venía. Mi padre era un obrero de la fábrica de tanino, y, aunque, si bien yo conseguía libros, existe esa parte académica que te sitúa frente a otro tipo de lecturas. Mi paso por la universidad fue irregular, cursé hasta tercer año y después quedé embarazada, donde mi carrera se fue por la borda, de todos modos, pude trabajar mucho tiempo sin título. Después hice el magisterio para poder finalizar con el profesorado, pues debía sobrevivir en el sistema, ya tenía para entonces cinco hijos y ya había trabajado toda la vida con alumnos particulares, desde que estuve en la escuela primaria. Volviendo a la pregunta, rescato de mi paso por la universidad el haber conocido a Veiravé y a Cristaldo, a quienes les prestaba muchísima atención. Recuerdo cuando en las clases recitaba Cristaldo, era como si vibraran los ladrillos del aula, quiero decir, un verdadero privilegio, porque son autores que se seguirán leyendo mientras siga existiendo la lengua castellana en esta región.

“Yo no escribo para mí ni para otro, ni siquiera me tocó tener conciencia de lo que significa ser escritora, porque siempre lo viví como algo que naturalmente formaba parte de lo que yo era.”

¿Cómo es la comunicación que existe entre Gregoria, la escritora, tu obra y el lector? 

G: A decir verdad, yo no me quiero comunicar con nadie, cuando escribo no estoy pensando en un lector… además, empecé a escribir desde muy chica y entonces uno no concibe aún la idea de lector. Los lectores aparecen, sin más, con los compañeros de banco que comienzan a leer lo que se escribe, pero nunca estuve pendiente de ese factor en el momento de poner en práctica la escritura. Tiene que ver más con que uno está diciendo cosas allí, en ese sentido, tengo un gran conflicto con el lector porque éste nunca entiende lo que uno dice, o al menos, las interpretaciones que yo he tenido han sido verdaderamente desoladoras, donde se entiende de modo literal, entonces más de uno luego me ha dicho: “¡ahh, pero lo extrañabas cuando se fue!”, y en verdad estoy hablando de otra cuestión, no de un “macho que se fue”. Entonces, como yo no teorizo acerca de la literatura ajena ni mucho menos acerca de la mía, el problema del lector es algo que queda sin resolver. Básicamente, si escribo es porque a mí me gusta.


Por: Carla Fabiana López / Fotos: Dana Rigueras

4 comments on “La escritura como parte del ser con GREGORIA LEIVA

  1. Luisa Elena Ertle

    Siempre tan frontal,mi apreciada Gregoria!!!!!!!!Felicitaciones y adelante,te deseo lo mejor;mujer luchadora.

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  2. Profesora Gregoria Leiva… una docente incomparable que marcó mi vida durante mi formación docente. Siempre la recuerdo con mucho cariño y me llena de orgullo ver este artículo referida a su persona.
    Realmente…una persona a quien admirar!!!

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  3. Leandro Osmar Bustos Zdanowski

    Gran profesora… No la tomabamos enserio en su trabajo, pero por suerte uno madura y descubre que hay gente con el alma noble y vocacion pura. Su lectura, la forma en que la entonaba, la pasión con la cual se introducia dentro de esas paginas al leerla, te mostraban que tenia vida de escritora…

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  4. Luis Gabriel Peralta

    Era mi profe. Excelente.

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